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Viena Prensa Actual – 05/2020 La historia del trabajo a distancia

En nuestro mundo interconectado, hoy existen numerosos oficios en los que resulta indiferente que el trabajo se haga en una oficina o desde nuestra habitación. La separación entre el espacio de trabajo y el de residencia llegó con la industrialización Por aquel entonces era frecuente que muchas personas trabajaran en sus propias casas. Eran principalmente las mujeres quienes, a causa de las restricciones que les impedían ejercer ciertas profesiones, se veían forzadas a trabajar desde sus viviendas. Sin embargo, había más actividades que se hacían mejor desde casa. ¿Qué sería hoy del mundo del arte si Berta Zuckerkandl no hubiera regentado el famoso salón de su casa? ¿Cómo sonarían las partituras de Arnold Schönberg si no las hubiera escrito desde su cuarto de trabajo? ¿Qué hubiera sido del psicoanálisis de Sigmund Freud si no hubiera vivido y trabajado en el número 19 de la Berggasse? Y, por último, ¿cómo hubiera gobernado el emperador Francisco José I si no hubiera residido en el Palacio de Schönbrunn o en el Hofburg? Cuatro grandes personalidades vienesas, cuatro perspectivas, cuatro oficinas en casa.

Berta Zuckerkandl – La "salonista" del modernismo vienés

Klimt, Mahler, Wagner, Schnitzler, Freud, Werfel o Zweig. Todos eran asiduos del salón de Berta Zuckerkandl, cuyas cuatro paredes fueron testigos de importantes encuentros, pero también de creaciones. Una de ellas fue la Secesión vienesa, que tiene su origen en "la Zuckerkandl", quien contribuyó a su creación con un espacio que daba alas a la creatividad artística. La propia Berta fue periodista y escritora, pero también militó como activista por la paz, y pasó a la historia vienesa como una de las más fascinantes anfitrionas de la ciudad.

Arnold Schönberg – El rebelde del dodecafonismo

Inspirado por el modernismo vienés, Arnold Schönberg sentía que dentro de él latía un nuevo sonido, un sonido radical, y llegó a revolucionar el mundo de la música con la creación de su serie dodecafónica. De repente, la música dejó de ser armónica, y empezó a sonar, ante todo, verdadera. Su lugar de trabajo predilecto era su casa. Sus poco convencionales secuencias de sonidos eran demasiado para los vieneses de la época, y sus conciertos terminaban convirtiéndose en algaradas de forma periódica.

Sigmund Freud – El arqueólogo de lo humano

Uno de los lugares de trabajo a distancia más famosos de toda Viena, por no decir incluso del mundo entero, se encontraba en el número 19 de la calle Berggasse. Y es que las habitaciones en las que trabajó Freud, al igual que sus teorías, pasarían a la historia. Su colección de objetos arqueológicos es legendaria. Durante su vida, reunió más de 2000 objetos que guardaba como recuerdos, e indagó sobre su origen y los mitos que los rodeaban. Se cuenta que Freud se refería a ellos como "mis viejos y sucios amigos". Estos lo inspiraban y le ayudaban a consolidar sus pensamientos y evitar que desaparecieran. Parte de esta colección todavía puede ser visitada hoy en el Museo Sigmund Freud.

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